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Fe en Chile

Fértil provincia Señalada

Fe en Chile

Somos Chile, fértil provincia señalada...

Por Alexis López Tapia

Al iniciar este escrito, es necesario que públicamente me declare Pagano en el sentido primario de “no cristiano”; en en sentido original de habitante del campo, de los bosques, de los montes y montañas, de todos los “pagos” de Chile como en su tiempo lo fue Pudahuel; y también, por no haber hecho el “sacramentum” -originalmente el juramento militar-de la Primera Comunión ni la Confirmación, y no ser entonces un “soldado de Cristo”.

A mayor abundamiento, doy testimonio de mi profundo antimaterialismo y antirracionalismo, y de mi completo rechazo a la metafísica y el nihilismo.

Tengo fe en Dios, creo que Dios es Vida y que está presente en todo el Universo.

Supongo que en gran medida esto se lo debo a mi educación católica, particularmente a mi primer colegio, el “Santo Tomás de Aquino”, donde gracias a algunas recordadas monjas, aprendí muy temprano aquello de “ver para creer”, y también que los niños llegan al mundo “con el pene y la vagina, y con mucho amor”.

Esta declaración no es menor cuando deseo hablar de algo que quizá pueda importar a muchos chilenos y su fe, porque quiero hablar de la Fe en Chile.

Nuestro país ha venido siendo Gobernado por una clase política que carece por completo de cualquier Fe.

Ya no creen ni siquiera en aquello por lo que alguna vez en el pasado pudieron haber luchado, y –literalmente- han vendido sus almas al Mercado, a las afueras del Templo, a la sombra de Dios, allí donde reina y gobierna el Señor Oscuro.

Su falta de verdadero liderazgo, es síntoma inequívoco de su falta de Dios, de su ausencia de Fe.

Antiguamente, el Soberano obtenía su poder de Dios. Hoy –se nos dice-, el Soberano es el Pueblo, que le entrega el poder al Gobernante con su voto cada cuatro años.

Así que si estamos gobernados por una clase política sin Fe, corresponde que nos miremos de frente para ver si verdaderamente existe Fe en Chile.

Un Pueblo sin Fe se merece Gobernantes sin Dios.

Y en esto no tiene nada que ver el que una vez al año –al celebrarse el nacimiento de la Patria- todos ellos acudan al “Te Deum”, y den “gracias” –no sabemos a quién-, por los dones que todo Chile les ha permitido obtener.

Tampoco se salvan aquellos que –contritos y sumisos-, acuden al rito todos los domingos, y el resto de la semana se dedican a gobernar a favor del Mercado, a las afueras del Templo, a la sombra de Dios.

Todos ellos están allí, porque nosotros, el Pueblo, les hemos dado el poder para Gobernarnos. Y si ellos no tienen Fe –o si su fe es en realidad una farsa-, entonces somos nosotros mismo los que debemos cuestionarnos por haberlos “elegido”.

Y como hemos señalado en otras ocasiones, quienes nos gobiernan son –a la vez-, la izquierda y la derecha; la alianza y la concertación; el gobierno y la oposición, todos ellos sin distinción.

Y a todos ellos los gobierna en verdad el Mercado, a las afueras del Templo, a la sombra de Dios.

Los que han perdido la Fe, los que están en verdad vacíos de Dios, los que viven en la Nada, poco tienen en realidad que ofrecer al Pueblo. Pero, si es el Pueblo quien los elige, una y otra vez, entonces la responsabilidad es del Pueblo, no de ellos.

Y por eso es necesario preguntarnos si en realidad hay Fe en Chile.

Y por cierto que aún hay lugares –hay “pagos”-, donde la Fe aún existe en nuestra Patria.

Allí en la Tirana, en Lo Valdés, en un ngillatún Arauco adentro, en el Templo de Maipú cada cinco de Abril, en Iquique al recordar el sacrificio de Prat. En la madre y en el padre pobres que -contra toda esperanza de un futuro mejor- intentan dar a sus hijos lo mejor de sí mismos cada día para que sean “buenos ciudadanos”, hombres de bien. En el arriero que, antes de subir a la veranada a buscar sus animales, se persigna al pasar frente a la iglesia del Pueblo.

Chile está lleno de lugares y de hombres y mujeres de profunda Fe, y no es necesario mencionarlos a todos, porque cada Chileno con Fe en Chile sabe perfectamente donde se encuentran.

Y sin embargo, hombres sin Dios nos Gobiernan.

A su amparo, la Ley se ha transformado en la defensa del delincuente.

La cultura de la muerte se pretende imponer el día después.

La educación de nuestros hijos los prepara para ser serviles, incultos y mediocres.

Los Valores en el nombre de los que se Fundó la Patria, son reemplazados por el ansia de dinero, de poder y figuración.

La República ha terminado por ser una cáscara vacía y sin sentido, regida antes que nada por el interés del Mercado.

La Política carece de cualquier ética, y la moral de los esclavos del dinero gobierna en el Parlamento y se ampara y crece en los Partidos Políticos.

Ante ellos, las instituciones religiosas apenas alzan la voz, y más a menudo callan y otorgan con su silencio la venia necesaria para sus actos, más preocupadas de defender sus propios intereses y ganancias, que en declarar la soberanía de la Fe y los valores del Espíritu.

Vivimos en un país Gobernado por el Mercado, a las afueras del Templo, a la sombra de Dios.

Y los responsables somos nosotros, todos nosotros, los chilenos que aún tenemos Fe en Chile y que nada hacemos por cambiar esta situación.

Así que es probable que lo que en realidad está ocurriendo, es que cada día más chilenos están perdiendo la Fe en Chile.

Ante el impacto del Nuevo Orden Mundial -del “Novo Ordo Templi” como reza el Dólar-, puede ser que muchos hayan olvidado o simplemente ya no entiendan lo que significa ser Chilenos.

A la gran mayoría quizá, les resulte más fácil simplemente no pensar en eso, o acordarse cuando la “selección nacional” juega un partido fuera de casa que habitualmente pierde.

Otros, tal vez con mucha razón, han terminado por vivir demasiado agobiados por las deudas y el Transantiago, para dedicarle algo de tiempo a pensar en su propia Fe, y en la Fe en Chile.

Y finalmente también es posible que muchos simplemente hayan claudicado, porque el Mercado es más fuerte, y el Amor –incluido el Amor a Chile-, sólo fue más fuerte cuando vino el Papa.

Sin embargo, tenemos sólo una Vida, nuestra propia Vida, para lograr vivirla como de verdad queremos.

Y por eso es necesario pensar si este es en realidad el Chile que queremos. Si estos son los gobernantes que en realidad queremos. Si esta es la política que queremos. Si esta es, en suma, la Vida que queremos para nosotros, para nuestros hijos y para los hijos de sus hijos.

Chile se merece más de todos los chilenos.

Chile se merece la Fe de todos los que aún creen en Dios y en los valores del Espíritu, y que no están dispuestos a ser controlados el resto de su vida por hombres y mujeres sin Dios, gobernados por el Mercado, a las afueras del Templo, a la sombra de Dios.

Y Dios se encuentra en todas partes. En las montañas nevadas, en el verde intenso de los últimos bosques nativos, en el gris profundo del desierto, en las rocas que nos dan el Cobre, en los ojos de los niños que cantan la nuestros himnos o rezan con anhelo y emoción. En cada uno de nosotros y en toda la Nación.

Necesitamos renovar y proclamar abiertamente nuestra Fe en Dios, en Chile  y en los valores del Espíritu, para ser Gobernados por hombres mejores en mejores tiempos.

Necesitamos rechazar el Gobierno del Mercado, que rige a las afueras del Templo de nuestra Patria, a la sombra de Dios, allí donde domina el Señor Oscuro.

Necesitamos Fe en Chile.

Nada más.